Hoy le toca el turno a la primera deportiva que tuvo mi amigo David, compañero en las dos rodadas que he realizado y de las que espero que realicemos el año que está a punto de comenzar, una preciosa Yamaha R6 del año 2000. Ésta y su hermana mayor, fueron las auténticas protagonistas de la revolución que se produjo en la categoría de las superdeportivas tanto en la media cilindranda, como en las de mil centímetros cúbicos, la R1, lo que a la postre las convertiría, durante una larga temporada, en dominadoras absolutas de ambas categorías.
David, venía de tener una Suzuki Bandit de 600 c.c., y desde hacía mucho que le apasionaban las deportivas por lo que decidió dar el salto a sensaciones más puras sobre dos ruedas, y os puedo asegurar que la supersport de Iwata no le defraudó en absoluto, según me comenta, “fue un agradable encontronazo con la realidad, de la que no fuí consciente hasta que no giré por primera vez el acelerador”. Su tarjeta de presentación era clara, 120 CV. en 200 kg., más que suficiente para empezar a realizar pinitos en carretera o circuito. Como muchas de las 600 deportivas, a bajas revoluciones son aparentemente “dóciles”, pero cuando subes de vueltas, te tienes que ir preparando para la patada que te suelen dar a partir de las 9.000 r.p.m., en la R6, era a partir de las 10.000 r.p.m. y más que una patada, era una excitante coz, con la que te obsequiaba, y ya podías agarrarte fuerte al manillar, por que si no, era capaz de dejarte en el sitio.
Era una moto muy rápida de reacciones, y muy ágil, no en vano el chasis y el basculante, era de lo mejorcito del mercado en aquella época, y además según me recuerda mi amigo, “estaba principalmente orientada al circuito, quedando ese año, primera en el Masterbike organizado por la revista “Motociclismo”, con bastante ventaja respecto de su perseguidora más inmediata”. Otro detalle curioso era el poco ruido que emitía el escape de serie, llegando en momentos a dudar, si la moto estaba en marcha o no. A pesar de equipar un equipo de frenos de primera categoría, bomba de freno Brembo de 16″, la frenada era correcta, nada espectacular. Era una moto bastante “polivalente”, sabiendo siempre que existen limitaciones, pero es que hablamos de una aténtica supersport. Donde más cómoda se encontraba, era en circuito y en carretera de curvas, si éstas se retorcían un poco, había pocas 1000RR, que se te pudieran acercar al colín, pero siempre, controlando en lo posible, el nervio de la YZF para evitar sustos indeseables. En viajes largos no fatigaba en exceso, para el “paquete”, eso era otra historia. David disfrutó de ella durante 6 años y llegandole a hacer 50.000 km, incluyendo en ellos varios viajes a Grandes Premios, Jerez, Cheste, Montmeló… En definitiva, que guarda un grandísimo recuerdo de ella y sobre todo la gratitud de haberle descubierto, su gran pasión sobre dos ruedas, las motos superdeportivas.