JARNO SAARINEN

Jarno Saarinen o el “Finlandés volador” como se le conocía, fue uno de esos pilotos que se convirtieron en Leyenda del Motociclismo Mundial a pesar de no haber ganado muchos títulos…, consecuencia amarga, de su triste y rápida desaparición de las carreras. El Nórdico fue una de las mayores promesas que asombraron a todos los entusiastas del motociclismo allá por el final de la década de los ’60 y comienzo de los ’70.

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Con su inconfundible estilo, heredado de las pruebas de “ice racing”, tan populares en los países Escandinavos, con su forma de pilotar la moto con rodilla en tierra y girando sobre la rueda trasera, sorprendió desde muy pronto corriendo con una moto privada, una Yamaha TD2 y participando en su tercer año en las categorías de 250 c.c. y 350 c.c., cilindrada ésta última en la que pelearía con el todopoderoso Giacomo Agostini y su MV Agusta. En el año 1972 Jarno se proclamaría Campeón del Mundo de 250 c.c. peleando hasta el final contra Renzo Pasolini y Rodney Gould y poniéndole las cosas extremadamente dificiles a Agostini en la categoría de “tres y medio”.

El año 1973 supuso su salto como piloto oficial a la marca de los diapasones que puso a su disposición una serie de máquinas totalmente nuevas las TZ250, TZ350 y TZ 500 de refrigeración líquida, después de probar con un éxito rotundo la 350 en Daytona y en Imola, ganando las dos pruebas, se decidió finalmente por la “pequeña” y la “grande”, y la elección no pudo ser más acertada en las dos primeras pruebas del Mundial se hacía con el triunfo en ambas categorías, para ganar también la tercera prueba en 250.

La cuarta prueba se celebraba en el Circuito de Monza, un circuito muy peligroso en aquella época ya que disponía de largas rectas y “curvones” parábolicos en los que se alcanzaban velocidades de vértigo, desgraciadamente en una de esos “curvones” en la primera vuelta Pasolini y Saarinen caían al suelo perdiendo la vida en el accidente, años después se filtró que la causa del mismo había sido el “gripaje” del motor de la Harley de Renzo y Jarno, que pilotaba a su rueda no pudo esquivarle…, así se terminaba una de las carreras más prometedoras que se hayan visto nunca en un piloto de competición, convirtiendo al piloto Nórdico en una auténtica “Leyenda”.

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